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JL FISIOS

Homeopatía

Homeopatía

La entrada de hoy no es más que una serie de argumentos que tratarán de forma racional, de provocarle cierto remordimiento de conciencia a toda persona coherente que piense alguna vez dedicarse a la homeopatía.

Origen de la Homeopatía

Empezaremos con la típica reflexión de: «Si la homeopatía lleva cientos de años practicándose por algo será …¿no?»

Pues bien, cualquier persona que busque varios minutos en internet puede constatar que la homeopatía comenzó en el siglo XVIII ideada por Samuel Hahnemann.

En aquellos tiempos la medicina convencional consistía en sangrías, purgas y otras prácticas que daban pocas soluciones. Dicho de otro modo, inventar un nuevo tratamiento alternativo no era una tarea difícil (aunque no hay que quitarle mérito al señor Hahnemann).

Este médico alemán decidió un día que si podía encontrar una sustancia que indujera los síntomas de una enfermedad en un individuo sano, ésta también podría luego ser utilizada para tratar esos mismos síntomas en un enfermo. Después, en un momento de euforia pensó que diluyendo una sustancia se podían incrementar los poderes medicinales espirituales de dicha sustancia reduciendo sus efectos secundarios.

Sucusión o agitación

Además, ideó un ritual/proceso llamado «sucusión». Cada recipiente de vidrio que contenga el remedio debe ser agitado diez veces contra un objeto elástico. Este ritual se sigue llevando a cabo en las fábricas de píldoras y pastillas homeopáticas.

Probablemente la homeopatía del siglo XVIII no tenga mucho que ver con la actual (excepto los aspectos principales). Aquí lo que sucede es que unos cuantos reclaman para ellos la autoridad de una herencia histórica y poco científica, pero su historia se reescribe una y otra vez en función de las necesidades publicitarias del mercado.

Es decir se monta todo un negocio en base a la idea que se le ocurrió a un médico homeópata hace muchos años y que si la sacáramos de su contexto y alguien la anunciara ahora como una nueva forma de tratamiento, se le tacharía poco menos de «chalado», estoy seguro.

¿Cómo desarrollan los productos homeopáticos?

Al procedimiento que utilizan se le llama “prueba”. Se reúnen un grupo de voluntarios , durante dos días y se le administran, en diferentes grados de dilución, seis dosis del remedio que se está probando. En ese periodo, cada voluntario apunta las sensaciones mentales, físicas y emocionales que va experimentando.

Al final de la prueba se recopila la información. Todos los síntomas y sueños descritos por los «probadores» pasa a convertirse en el cuadro de síntomas de ese remedio. De este modo, el homeópata debe encontrar siempre la correspondencia entre los síntomas descritos por su paciente y los provocados por algún remedio suyo para tratarlo.

Creo que no hace falta entrar a valorar la credibilidad de este sistema, claro que para los homeópatas las pruebas de Hahnemann son ensayos clínicos. Deberían repasar el concepto de ensayo clínico…

La dilución homeopática

La homeopatía afirma que cuanto más se diluya en agua cualquier ingrediente activo más potente se hace.

En una dilución homeopática típica, la sustancia original se diluye a razón de una gota entre cien, el resultado se vuelve a diluir a razón de una gota entre cien, y así hasta completar treinta veces. En castellano sería una parte del medicamento para 100 elevado a 30 partes de agua (ni siquiera el océano sería lo bastante grande para llevar a cabo esa dilución).
¿Cómo puede entonces un remedio homeopático funcionar sin principio activo?¿No serán en realidad, más que botecitos con agua? La única respuesta posible es que el agua tenga poderes espirituales…

Es interesante saber que cuando Hahnemann ideó la homeopatía, nadie tenía conciencia de los problemas con la disolución dado que no tenían ni idea por entonces de la cantidad de moléculas que podían existir en una determinada sustancia.

Décadas más tarde, esos nuevos conocimientos no hicieron entrar en razón a los homeópatas, para defender su falta de razonamiento se limitaron a decir que el agua tenía memoria y se quedaron tan a gusto.

A día de hoy no parece haber nadie que pueda diferenciar de manera fiable un compuesto homeopático de uno no homeopático.